Fútbol colombiano, en cuidados intensivos; por Juan Salvador Bárcena

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La gota que rebozó el vaso sucedió ayer en el estadio ‘Casa Blanca’ de la Liga Deportiva de Quito. La semana más nefasta de la historia de las Eliminatorias la vivimos en carne propia. Nueve goles en dos partidos y una selección floja en todos los sentidos, desnudaron al técnico Carlos Queiroz, pero también presentó la realidad de nuestro fútbol.

Quiero aclarar que los jugadores y cuerpo técnico tienen plena responsabilidad de la derrota de ayer. Hay que saber meter, arriesgar y no dejarse humillar por el rival. El DT nunca conoció nuestro fútbol al igual que el idioma castellano, mismo que aún no se le entiende en rueda de prensa. Dudar del profesionalismo de nuestros jugadores no tiene presentación por no tener pruebas acerca de ello. Dejarse humillar así a propósito no tiene cabida en esta columna, mejor hablemos con lo que sí está pasando.

Un balompié local que tiene equipos liquidados, en crisis y que fácilmente lleva mil días peleando por dinero y derechos de televisión, con un nivel paupérrimo y pobres actuaciones en torneos como la Libertadores y la Sudamericana. Un Comité Ejecutivo que sacó de sus arcas 6 millones de dólares en multas por una sanción de reventa de boletas y donde ese dinero hubiese sido ideal para salvar la situación de los equipos en Colombia, el tema es que cuando llega a los equipos, lo dueños de los clubes lo usan para sus negocios personales. Si arriba hay desorden, imagínense abajo en el fútbol local.

Dirigentes que se dedican a comprar y vender equipos por negocio, reventándolos hasta decir no más y un Comité Ejecutivo que paga multas por temas de reventas y que busca siempre aliados mediáticos para cuidar sus espaldas, han sido lo poco visible que muestra la Federación Colombiana de Fútbol con su manejo hermético desde un tiempo hasta ahora.

Esto debe parar ya mismo, futbolísticamente no hay nada en la selección. James solo ha hecho un gol en 18 partidos con este cuerpo técnico, con las divisiones inferiores poco o nada ha pasado y se ha visto una pésima planificación que se nota en el terrible manejo para afrontar partidos en ciudades con altura.

Argentina se asesoró con los brasileños con el tema altura y ganó en La Paz, acá nos quedamos en Barranquilla y llegamos a Quito muertos, sin aire para correr. ¿Para qué tienen una sede en Bogotá con cuartos y todas las comodidades, donde pueden adaptarse a la altura más fácil para ese partido?

Todo eso es planificación, aspecto que se vio desdibujado en esta doble fecha de Eliminatorias.

Pero se preguntarán por qué le doy palo a la dirigencia.

Porque el equipo que nos goleo tenía tres jugadores del futbol local en la titular, tres en el banco y solo uno juega en Europa.

Mientras que en nuestro fútbol local, con equipos que juegan en la altura y el llano, no nos da para surtir a la selección nacional, porque el nivel nuestro no da, pese a que los jugadores actúan en condiciones similares y constantes como las de Quito.

Hora de revisar adentro, como hicieron Italia y Holanda cuando se quedaron sin Mundial en Rusia. Seguramente el resultado deportivo dejará peor a esta dirigencia que se ha dedicado a alejarle la selección a su gente y cerrando micrófonos a los que decimos la verdad.

Alfaro hizo en menos tiempo lo que Queiroz nunca pudo encontrar, hasta marzo nos vamos así.